Arago se dio cuenta de que la luz cambiaba de dirección cuando pasaba del aire al agua, para que esto ocurriese sobre las partículas de la luz tendría que ejercerse una fuerza para que dicha desviación se produjese, esta fuerza debía ser perpendicular a la superficie entre el aire y el agua y sería la que acelerase las partículas.
Su conclusión fue que la luz se mueve más rápido en un medio más denso que en el aire.
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